lunes, 20 de junio de 2011
Madrugadas recurrentes
Desde la ventana se ven las pequeñas casitas de pescadores que pueblan el principio de la playa. El mar se antoja cercano y cálido, acogedor. Lugar de trabajo de muchas generaciones que regresaban a casa con un peculiar olor a sal. Manos cuarteadas de tejer redes de pesca, de limar la pequeña barca que hace de transporte laboral, de pintarla de un azul mar... Todavía se puede ver el grupo de mujeres que espera en silencio sobre la orilla, mojando sus pies con el agua de la despedida. Ellos volverán. La madrugada es fría y la brisa acompaña a los ojos desvelados y atentos al oleaje. Llueve, llueve y se mojan los miedos. Desnudos quedan los minutos y se resisten a pasar, acongojados por confirmar un mal presagio. Amanece la marea y ellos volverán.
jueves, 2 de junio de 2011
My name is Luka
Acusar al viento de mi felicidad sería demasiado precipitado, tú también llevas parte de culpa. Son tus besos sabor montaña los que enganchan de madrugada. La llamada del placer viene con número desconocido, pero me encanta saber que has sido tú quien ha pulsado el botón verde. Se me da fatal echarte de menos entre cerveza y cerveza cada tarde de sábado que tienes que irte más pronto (por motivos que únicamente son nuestros). Se me da realmente mal. Tus cosquillas en mis piernas se funden y entremezclan con nuestro vello erizado y unas ganas locas de compartir aliento. Otro trago más para estas 04:00 a.m (hora local). Se nos va a emborrachar la noche y dormiremos sobre colchones de vida en lo alto de alguna montaña con olor a tranquilidad. Acurrúcate en mis viernes y ponte cómodo, porque va a ser mucho el tiempo que pases en ellos.
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