Porque no solo de noches
vive el hombre.
Si las sábanas se secan al sol es porque
está tu barba observándolas.
Las músicas que suenan sobre las cabezas de los tejados
de estas casas de pueblo vivo cantan por soleares a tu balcón.
Sé que no tiene mucho sentido mi carta de hoy, pero
algún día la volverás a leer y te darás cuenta de que mi perfume
era el aroma que querías para tus madrugadas.
Te darás cuenta de que mis manos eran las perfectas para tu espalda, que
encajaban con el juego de caderas que mecía la literatura de
tus curvas morenas.
Si supieras... Todo ha pasado deprisa. Pero no ha pasado todo.
Todo es lo que dejas cuando apagas la luz del baño
y dejas la puerta abierta. O cuando me escribes notas al despertar
y las cuelgas en nuestra nevera con el imán de Amsterdam que nos trajo
tu prima de aquella huida que hizo hace 3 años.
Salivas empañadas de tequila. Sediento como tu solo.
Ven a lamer de mi cuello los delicados mapas que llevan a confines nunca
antes soñados; a histeria contenida; a desenfreno buscado. Ansiado. Te quiero aquí.
Los libros se empiezan a leer desde la primera línea, si no
estamos apañados. Vaya tela, vaya expresión.
Dile a la vecina de arriba que deje de tender las sábanas tan cerca de la ventana
de nuestra habitación, que algún día la salpicaré de versos. O de caricias. O de gemidos
desgastados en meses de frío agosto. Caluroso noviembre.
Vuelve
a volverme loca con tus palabras.
Vuelve
a dejarte hacer, a hacerme, a arañarme con lametones
las caderas.
A dejar que mi pecho te eche de menos una noche más. Solo una. Porque a partir
de mañana me mudo a tu espalda.
Vuelve
a
volver
a
volverme loca.
Porque me encantas.
miércoles, 5 de octubre de 2011
martes, 4 de octubre de 2011
ASALVAJADO Y VIVO
Anoche vi "nuestra" película
y lloré como nunca.
No fue por echarte de menos, ni por sentir
a medias el olor a ropa tendida fuera del
perímetro amoroso que trazamos con carboncillo sobre
las paredes de estas montañas. Tampoco
fue por mirar a tu esquina verde, ni por sentir la
ausencia de tu tentadora barba sobre mi desnudo colchón.
"Nuestra" película, como te cuento.
La vi entera y sin pausas, como te gustaba. Qué caprichoso eras.
No esperaba menos de estos árboles sordos que ganan
al billar con un buen movimiento de rama. A la mínima el
perro deja de ladrar y te encuentras sin compañía
sobre un sofá rojo sin cojines ni polvo
ensuciando camisetas blancas y rasgadas
con ceniza de pitis mal-fumados y cervezas
sin espuma.
Se ha vuelto a romper la realidad y el cristal de la ventana
sigue intacto. Bello. Bellos. Como tú.
Volverás para decirme que las pupilas en las que ahora
te miras son demasiado poco verdes para tu gusto. Que
necesitas unos ojos que reflejen más tu alma aventurera.
Porque
las furgonetas no se conducen solas, y tu perro no sabe pasear
al lado de otras piernas que no sean las mías.
Sabe a dulzón verano esto que te escribo.
La ducha donde nos escondíamos en diciembre está mojada
de vida para que vayas y recojas cualquier puñado de experciencias
y lo cosas a tu espalda. Ven. Ven y mira cómo ha crecido mi madurez.
Es increíble lo grande que está ya.
Te espero bajo el viento de este otoño asalvajado y vivo.
Te espero
esperando algo de tus caderas.
y lloré como nunca.
No fue por echarte de menos, ni por sentir
a medias el olor a ropa tendida fuera del
perímetro amoroso que trazamos con carboncillo sobre
las paredes de estas montañas. Tampoco
fue por mirar a tu esquina verde, ni por sentir la
ausencia de tu tentadora barba sobre mi desnudo colchón.
"Nuestra" película, como te cuento.
La vi entera y sin pausas, como te gustaba. Qué caprichoso eras.
No esperaba menos de estos árboles sordos que ganan
al billar con un buen movimiento de rama. A la mínima el
perro deja de ladrar y te encuentras sin compañía
sobre un sofá rojo sin cojines ni polvo
ensuciando camisetas blancas y rasgadas
con ceniza de pitis mal-fumados y cervezas
sin espuma.
Se ha vuelto a romper la realidad y el cristal de la ventana
sigue intacto. Bello. Bellos. Como tú.
Volverás para decirme que las pupilas en las que ahora
te miras son demasiado poco verdes para tu gusto. Que
necesitas unos ojos que reflejen más tu alma aventurera.
Porque
las furgonetas no se conducen solas, y tu perro no sabe pasear
al lado de otras piernas que no sean las mías.
Sabe a dulzón verano esto que te escribo.
La ducha donde nos escondíamos en diciembre está mojada
de vida para que vayas y recojas cualquier puñado de experciencias
y lo cosas a tu espalda. Ven. Ven y mira cómo ha crecido mi madurez.
Es increíble lo grande que está ya.
Te espero bajo el viento de este otoño asalvajado y vivo.
Te espero
esperando algo de tus caderas.
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