Un sol feroz llama a mi ventana, es abril. Me quedaría una vida y media observándolo, viendo cómo se queda quieto allí arriba. Solo esta luz sabe cómo me gustan las mañanas, y es capaz de regalarme las mejores de mi vida. Sobre los edificios semiderruidos de esta capital asoman sueños que viajan sin dueño, buscando una ventana rota por la que poder colarse. La mayoría de los muchachos desistieron de perseguirlos, ahora son ellos quienes buscan cerebros que los puedan fantasear a altas horas de la madrugada y sin cervezas de por medio. Suena la vida, suena a pueblos escondidos entre montañas mucho más escondidas. Suena bien. Y mejor sabe... a tierra mojada en tus labios de música silenciosa. Poesía en noches de primavera anuncian tu llegada como un huracán, pero a lo bonito. Leeré tus caricias si tú lees las mías, están en versión extendida y con contenidos adicionales. Llámame a gritos, me gusta que desgastes las cuerdas vocales y luego me susurres a la boca los lugares a los que quieres viajar antes del año que viene. Bajito, muy bajito.
viernes, 1 de abril de 2011
miércoles, 30 de marzo de 2011
Sentada frente al amanecer
Amanece temprano sin caricias en las piernas. Solo una pequeña brisa golpea las ramas del árbol contra mi ventana, decidida a entrar y enfriar mi mañana. El cielo está bonito hasta bañado de nubes, pocas veces lo había visto así aquí, acostumbrada al azul y al sol de los meses de verano... Hoy se ha escondido, vergonzoso por verme. Galopa el frío por el pasillo de mi habitación y yo hago compañía a la estufa más vieja del mundo, todavía no cansada de deborar leña. Habla la minicadena de canciones que hacen bailar a las gotas de lluvia que visitan los pequeños cristales de mi cuarto. Sentada frente al amanecer me da por contarte los secretos escondidos en mis piernas y te da por escucharme demasiado.
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