Hasta que digas basta y las paredes se nos caigan encima. Hasta entonces seguiré encendiendo velas en las noches de tormenta. Seguiré escupiéndote piropos mientras te lavas los dientes y diciéndote tonterías antes de dormir. Si quieres me dejaré el pelo suelto, con los rizos acariciando las olas de tu locura. La desnudez de tus tejados es belleza pura y cálida. Mesitas con cajones que esconde mis cartas. Baúles llenos de ropa ajada y deteriorada donde he ocultado de tu vista los besos que te debo. La estufa ha aprendido bien su oficio de despojarnos del frío. Sabe saciar nuestra sed de calor -aunque nosotros nos apañamos bastante bien-. Todos los años se pierden calcetines. Nada tiene que ver con lo que aquí te escribo, pero las paredes blancas me gustan.
miércoles, 31 de agosto de 2011
Mis rizos acariciando las olas de tu locura
Hasta que digas basta y las paredes se nos caigan encima. Hasta entonces seguiré encendiendo velas en las noches de tormenta. Seguiré escupiéndote piropos mientras te lavas los dientes y diciéndote tonterías antes de dormir. Si quieres me dejaré el pelo suelto, con los rizos acariciando las olas de tu locura. La desnudez de tus tejados es belleza pura y cálida. Mesitas con cajones que esconde mis cartas. Baúles llenos de ropa ajada y deteriorada donde he ocultado de tu vista los besos que te debo. La estufa ha aprendido bien su oficio de despojarnos del frío. Sabe saciar nuestra sed de calor -aunque nosotros nos apañamos bastante bien-. Todos los años se pierden calcetines. Nada tiene que ver con lo que aquí te escribo, pero las paredes blancas me gustan.
martes, 30 de agosto de 2011
Noche de verano
El aire arremete con fuerza contra la persiana
de la ventana de mi habitación. Me da por abrirla.
Es de noche. Un aire fresco y puro se cuela y seduce
a mi cuerpo. Huele a ropa tendida. A colada
recién hecha. Y a mí me recuerda al pueblo.
Al viejo verano que muere en mis brazos sin yo
poder hacer nada. Me recuerda a noches de bares
y copas. De cenas todos juntos. A oscuridad
necesitada junto a una espalda demasiado transitada.
Levita mi pelo. Las poesías de mis paredes se mueven
deseosas de volar hacia cualquier mano de
enamorado iluso. Y yo me duermo acunada por
el olor de esta brisa que arropa mis párpados esta
noche de verano. Y pienso en tu río. Y pienso en ti.
de la ventana de mi habitación. Me da por abrirla.
Es de noche. Un aire fresco y puro se cuela y seduce
a mi cuerpo. Huele a ropa tendida. A colada
recién hecha. Y a mí me recuerda al pueblo.
Al viejo verano que muere en mis brazos sin yo
poder hacer nada. Me recuerda a noches de bares
y copas. De cenas todos juntos. A oscuridad
necesitada junto a una espalda demasiado transitada.
Levita mi pelo. Las poesías de mis paredes se mueven
deseosas de volar hacia cualquier mano de
enamorado iluso. Y yo me duermo acunada por
el olor de esta brisa que arropa mis párpados esta
noche de verano. Y pienso en tu río. Y pienso en ti.
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